Fire Drill Ediciones | Calor de Lud de Iain Sinclair
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Calor de Lud de Iain Sinclair

Iain Sinclair

17 oct Calor de Lud de Iain Sinclair

FIRE DRILL tiene el placer y el honor de anunciar que ha llegado a un acuerdo con el escritor y poeta británico Iain Sinclair para publicar la primera traducción integral de CALOR DE LUD (LUD HEAT), el poema con el que Sinclair inauguró, a mediados de los años 70, una nueva forma de escritura y práctica poética, en la que las fronteras del genero (verso, prosa, documento, autobiografía, deriva psicogeográfica, teurgia) dejan de ser operativas para dar paso a la obra poética total.

Corre el año de gracia de 1974 y un temporero del servicio de jardines del Este de Londres anota en su diario lo que le va sucediendo al filo de los días. De vez en cuando escribe un poema. Es el mes de mayo. Más tarde, en otoño, después de que le den el finiquito, pasará en el condado de Dorset uno de los inviernos más fríos de su vida escribiendo una serie de ensayos en torno a una variedad de asuntos ligados a la noción de LUGAR (el Este de Londres, fundamentalmente). Los ensayos están unidos por una corriente subterránea cuyo rasgo más visible son las iglesias de un arquitecto a caballo entre los siglos XVII y XVIII, Nicholas Hawksmoor, relativamente desconocido hasta ese momento. A decir del poeta, el influjo oculto de estos templos 200 años después de haber sido erigidos todavía se deja sentir en la vida de la ciudad de 1974.

Cuatro décadas después de su publicación a cargo de la pequeña editorial (small press) del jardinero-poeta, su influencia (también oculta como la de las iglesias de Hawksmoor) en la psique y en la cultura londinense no deja de crecer. Mientras tanto, el desconocido poeta se convirtió en un personaje de la escena literaria londinense, célebre desde la marginalidad, sobre todo después de la publicación de su novela Downriver (1991). Hoy Sinclair es sinónimo de estilo mordaz e ingenioso, al borde de la farsa y del absurdo, asociando una práctica que envuelve, desbordándolo, el espacio literario. En Sinclair la obra es siempre algo más que su huella – escrita.

Hay en Sinclair la marca de una necesidad que aparece una y otra vez guadianescamente en su vida. De hecho, Sinclair dice a menudo que siempre escribe el mismo libro una y otra vez. CALOR DE LUD es la primera ocurrencia de ese “mismo libro”.

CALOR DE LUD nace del reconocimiento y de la conciencia aguda del poeta como conductor de energía (calor). Esa conducción no se produce sin riesgo. Una buena parte del trabajo de escritor de Sinclair consiste en transmutar el peligroso desgaste del cuerpo en el oro filosófico de la escritura. Esto se hace especialmente explícito con la aparición del poeta como adepto de una forma singular de sacerdocio en la que la letra misma hiere. Con ese medio tono, entre ironía y espanto, que impregna CALOR DE LUD, el poeta es iniciado en los misterios, debe pasar un período de prueba durante el cual sufre los estigmas de su función sagrada. La capital pre-thatcheriana es un vasto espacio atravesado por energías y magnetismos.

Y no sólo el cuerpo vulnerable del poeta está ahí presente, sino que el poema entero es una gran exposición de los avatares del cuerpo, desde el escarnio del cadáver del asesino de la Carretera de Radcliff (en donde resuena la obra de De Quincey) hasta el cuerpo sin resuello del poeta en la secuencia oracular final que cierra CALOR DE LUD.

CALOR DE LUD fue publicado en 1975 por una small press (hoy diríamos editorial independiente o micro-editorial) fundada por Iain Sinclair, y en una small press como FIRE DRILL ve ahora ahora la luz en castellano, en la traducción del también poeta y caminador, Adolfo Barberá. La concepción del libro-objeto y el diseño gráfico ha estado a cargo de L3C (Paco de la Torre & Teresa Tomás).

FIRE DRILL inicia con CALOR DE LUD una nueva andadura que dará a conocer poetas (e.g. Guy Vaes, Bart Vonck, Anne Penders, Juan Laurentino Ortiz, Román Antopolsky) que habitan otras lenguas o continentes, y cuya obra poética es menos conocida en el ámbito hispánico. Serán pocos, mas bien escogidos.

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